miércoles, 17 de septiembre de 2008

soledad

la mano lo detuvo. lo hizo quedar allí casi sin respirar. no por nada. sólo porque una mano se había posado -osado- en su espalda. porqué ella había apoyado así su mano. había alguna razón ingenua, casual. miraban la nada. -imaginen dos ante un papel irrelevante, leyendo, haciendo como que. dos casi extraños. dos desconocidos apenas vistos cada día por las circunstancias. y en un momento, ambos, uno detrás del otro, por sobre el hombro, la vista -perdida?- en un texto sin interés. pero entonces la mano. su mano. la mano de ella en la espalda de él. y él casi sin respirar para que ella no se diera cuenta del peso de una mano en la espalda de alguien solo. de alguien a esta altura, sin espalda. vacío. sin cuerpo. y con una mano a escasos milímetros de una piel, de un corazón asustado. porqué. porqué la dulzura de su mano estuvo allí. la mano de quien. de quién perdido y reencontrado. en ese gesto. en esa verdad sin especulación ni duda. la mano en su espalda. por qué.

4 comentarios:

Unknown dijo...

Esas preguntas son todas respuestas. Me encantó. Escribís muy bien. Me imaginé -vi- todo. Gracias.

Te mando un abrazo. Buen fin de semana.

hugo luna dijo...

gracias M. sos muy generoso. q andes bien, buen domingo, h

Irene Gruss dijo...

Y no era mi mano ni era tu espalda

hugo luna dijo...

vos decís? hola Ire... cómo va...

fría felicidad

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