martes, 7 de abril de 2009

de lo sublime

ella podría llamarse de cualquier manera. no porque el nombre no determine parte de su dulzura. la ola de su nombre es mansa como su mar. ella viene del mar. ha pasado la noche por sobre sus cabellos y la ha dejado amaneciendo. toda ella amanece levantada del mar. una ola oscura y blanca amanece levantando el mar. qué hace levitar el contorno de una sombra más del sabor de la espuma que del rastro de su desaparecer? una pura vergüenza me detiene de pensar nada antes o después de la carne. lo que yo pueda ver es parte y completud que determina el deseo. pero ella está en otro registro tal como corresponde a su femenino. ella es una noche que sonríe -y ya sabemos cuanto cuesta hallar una noche sonriente-. y el acento de su palabra es el fruto salvaje de un árbol nocturnal. un árbol de piel blanda -redonda- que rescata para la buena senda a la mano que la ha de tocar.

2 comentarios:

Lucía.uy dijo...

una pura vergüenza me detiene de pensar nada antes o después de la carne

Sublime, grande, sencillo y admirable tu poema.....

saludos, entrerriano

hugo luna dijo...

gracias amiga montevideana, muchas gracias... saludos y q tengas linda vacación, h

fría felicidad

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